Por: Daniela De La Cruz Gómez

El general Rafael Leónidas Trujillo, sencillamente, no pasa de moda. Su
imponente figura, firmeza en la mirada, sus hábitos en el vestir (trajes de
colores extremos, medallas y bicornios con plumas, eran muy peculiares en él.
Los crímenes, encarcelamientos y torturas que sucedieron en su régimen de tres
décadas, al igual que los hitos de (hay quienes le consideran el verdadero
fundador del Estado capitalista dominicano), sus amores y misterios, disfrutan
de un escandaloso y expreso interés del público. Una mente maligna podría
sentirse tentada a creer que la cantidad de escritos, novelas, cuentos,
tratados históricos, vídeos y artículos periodísticos sobre “El Jefe“,
pretenden utilizar su presencia, siempre atractiva, siempre sugerente, siempre
comercial, con el avieso propósito de hacer dinero. Pero no hay que pensar de
ese modo de quienes se refieren, una y otra vez, casi hasta la morbosidad, al
general Trujillo, etiquetándolos de una manera tan mezquina porque la verdad,
(y son los hechos los que hablan), todo cuando tiene que ver con el perínclito
varón de San Cristóbal “ (como lo llamó uno de sus tantos exaltados aduladores)
realmente estimula y provoca nuestra curiosidad.